Y la imposibilidad de borrarlo todo, de acabar con los recuerdos y por sobre todo con esa asquerosa sensación que se parece a los alaridos descontrolados de esa palabra en mayúscula. Es tan extraño que la naturalidad se perdió y el dolor se me hace cada vez más una forma de exteriorizar la decepción que el mero cansancio que se supone es. Es una broma. Tiene que ser una broma, porque ya no creo en las coincidencias, aún menos en esas que resignificaron esa pequeña porción de la cotidianidad.
martes 10 de agosto de 2010
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